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septiembre 17, 2020
Héroes trabajadores/as: Isabel Pernia, tesón de mujer indígena

Isabel Pernía, una joven indígena de 21 años, tiene la gran responsabilidad de alimentar a una de las mayores capitales del país. Por sus manos pasan algunas de las 80.000 raciones de comidas principales que prepara al año la empresa Salamanca para los sectores industrial y hospitalario de Medellín.

Más allá de la distribución de alimentos, Isabel considera que su trabajo en una clínica de la ciudad consiste en servir a los pacientes: busca que puedan comer lo que les gusta y les ayude a mejorar su estado de salud. Una labor que va en línea con el lema de Salamanca “hacer comida con un propósito”, tal y como lo describe la Gerente de Recursos Humanos de la compañía, Sandra Villa.

Ese compromiso de generar valor no solo para los actores de la cadena de producción, sino también para todos/as los habitantes de la ciudad, ha alentado a la empresa a participar en iniciativas de inclusión laboral de poblaciones en situación de vulnerabilidad como grupos indígenas.

Como compañía sentimos una responsabilidad enorme como generadores de empleo en la ciudad. Contamos con 2.000 empleados/as y queremos seguir promoviendo más empleo justo y digno”, agrega la directiva.

Fue gracias a una de las iniciativas de inclusión laboral de la empresa, que contó con el acompañamiento a la vinculación laboral del proyecto Empleos para construir futuro —liderado por Cuso International y apoyado por el Gobierno de Canadá—, que Isabel empezó a trabajar en el hospital como auxiliar de servicios de alimentación de Salamanca.

Yo tenía un trabajo muy ‘matador’, pues laboraba como manicurista durante 11 horas y solo me quedaba el 60% de lo que hacía la peluquería en uñas. En una época también elaboré collares típicos de mi comunidad Emberá Katío para que mi mamá vendiera. Todo eso es muy distinto a estar en una empresa que te paga un salario fijo por ocho horas”, expresa la trabajadora.

Originaria de El Carmen de Atrato en el Chocó, Isabel se mudó con parte de su comunidad a Medellín a causa de los estragos del conflicto armado en la región. Hace pocos años que terminó el bachillerato y se chocó con la dura realidad del mercado laboral: muchas vacantes pero pocas oportunidades de trabajo para jóvenes sin experiencia. En su empleo actual, Isabel quiere demostrar que todas las personas tienen la capacidad de hacer lo mismo si se lo proponen.

Mi mamá y mi abuelita me enseñaron el trabajo duro. Con ellas, siendo muy joven tuve que cargar racimos de plátano en el monte. Eso que dicen que las mujeres no son capaces de hacer lo que los hombres pueden hacer no es cierto. Lo que pasa es que todo el mundo tiene su ritmo distinto de trabajo. Si uno no se come la vida, la vida se lo come a uno”, agrega la joven.

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